domingo, 4 de septiembre de 2011

Más que cualquiera...

Todo comienza un día cualquiera, en la vida de una mujer cualquiera, y de un hombre cualquiera. La chica no es devota, ni creyente de nada en el mundo, hasta ese día cualquiera en que tomaba un café, en compañía de unos dulces mirando descuidadamente hacia la calle.

Ese día cualquiera, en el que no pasaron ni 2 segundos cualquiera, para cruzar una sola mirada accidental, apareció sin avisar. El cristal no impidió que una mirada cualquiera atravesara su alma, se tatuar en cada celular, para saber que jamás podría olvidar a ese hombre cualquiera, que de ahora en adelante no será más un hombre cualquiera.

La mujer cualquiera traza toda una ruta de camino hacia la salida, para romper el espacio que los separa. Que decirle, como comportarse, como presentarse, se acomoda la ropa cualquiera que desafortunadamente lleva el día de hoy, jeans, blusa sencilla rosada y converse. Si hubiera sabido que nos sería un día cualquiera se otro seria su aspecto hoy.

No quiere arruinarlo, quiere hacer tantas cosas en un segundo, que no sabe por dónde empezar.  Escuchar su voz pronunciar un simple hola, abrazarle, besarle, cuidarle, quererle, amarle el resto de sus días, suena a mínimo para todos los planes que tiene.

Aunque hay una única cosa por la que quisiera comenzar. Solo para asegurase de que existe de que no es un sueño que se esfumara, como cada noche al despertar se esfuma, el escurridizo chico de sus sueños.

Rodea las mesas dejando propina, a trompicones. Empuja la puerta de cristal, él no está más. Ella la mujer que ahora ya no es cualquiera, sino “solitaria” siente que se destroza. Ninguna de las cosas planeadas obtuvo resultado. Se esfumo tal cual llego, como una ráfaga de viento. No sabe cuánto tiempo estuvo mirando hacia la calle. Tiene que volver por sus cosas, para luego tirarse a llorar en su habitación.

Una lágrima rueda por su mejilla. Si hubiera actuado en 2 centésimas de segundo tal vez... solo tal vez… lo hubiera alcanzado a mirar de cerca. Regresar a la butaca no es tan bueno ahora que todos miran a la chica solitaria. Era mejor ser cualquiera a llamar la atención como lo hace ahora. Una rosa blanca frente a su lugar acompañado de una sonrisa, una mirada, esa mirada.

-Valió la espera, mucho mejor de lo que eres al cerrar mis ojos. Te prefiero aquí-dice a su oído entregándole la rosa, una caricia y un abrazo. Su aroma dulce empalaga todos sus sentidos, mientras ambos se permiten jugar a seguir soñando.